Cuando vemos los colores podemos
obtener un efecto puramente físico y un efecto psicológico. La vista está en
relación con todos los demás sentidos. El color tiene una fuerza enorme, poco
estudiada que influye en todo el cuerpo. La armonía de los colores debe basarse
en el principio de la necesidad interior.

En el arte no se conocen las
reglas que llevan a la práctica. Sino que cada artista es libre siempre que se
guía por el principio de necesidad interior. Esta nace de tres causas míticas:
La primera es que todo artista ha de expresas lo que le es propio. La segunda
es que todo artista, como hijo de su época, ha de expresar lo que le es propio
a esa época. Y la tercera es que todo artista como servidor del arte, ha de
expresar lo que le es propio al arte en general. Lo pura y eternamente artístico gana fuerza
con el tiempo. El artista debe ser ciego a las formas reconocidas o no
reconocidas y sordo a las enseñanzas de su tiempo. El efecto de la necesidad
interior es una expresión de lo eterno-objetivo en lo temporal-subjetivo.
Los colores se dividen en dos
secciones: calor y frío del color, y claridad y oscuridad del color.

La tendencia del color a la
claridad o a la oscuridad se trata del acercamiento o alejamiento del
espectador al blanco o al negro. Tiene una forma estática.
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